miércoles 29 de abril de 2009

La peste lame nuestros muros


Para los acomodadores, los acomodados y los que están por acomodarse

"Los hechos ignorados, olvidados, negados, constituyen el país real. No necesitan que se les recuerde para existir; pero no pesarán en el trajín cotidiano de la política mientras ellos, los hombres que los engendran y los padecen, no adquieran conciencia. A la verdad hay que ayudarla a abrirse camino. Puede que esa conciencia llegue porque los ojos y los entendimientos se abran voluntariamente. Puede también que llegue porque un día los escarnecidos hechos irrumpan en forma inesperada y brutal.

Algunos indicios, no obstante, asoman. Porque parece evidente que otra vez los partidos políticos podrán eludir el desafío; porque parece evidente que de nuevo los partidos, sobre todo los grandes, lograrán que el 27 de noviembre sea olvidado y pospuesto lo que cuenta; porque parece evidente que esos grandes partidos y sus capitostes se dividirán el poder para, después, como acontece desde antiguo, no sepan lo que hacer con él. Pero, nunca elección alguna ha estado marcada de manera tan visible por la indiferencia y el desconcierto. Esta desconfianza subyacente puede ser el comienzo de la sabiduría. Las gentes empiezan a sospechar que el rito no se aviene con la vida. Que el espíritu abandonó a la iglesia, los oficiantes repiten por rutina y los males no se curan con exorcismos y ensalmos.

Esto le da a los días que nos separan de las elecciones un tinte histórico particular. Gane quien gane (algunos lo saben, muchos lo intuyen) todo seguirá igual o marchará peor. El curso de los hechos será el mismo. Más allá del horizonte o la meta prefijados, se acumulan las grandes interrogantes que pesan sobre nuestro destino. Más allá. Y ora sea el triunfo de la sub fracción O de la fracción X del lema Z, ora de la sub fracción B de la fracción J del lema H; ora aquellos partidos mantengan sus posiciones, ora acrezcan sus conquistas; ora se hagan dueños de un lema estos o los otros, dichas grandes interrogantes no se conmoverán...



...¿Necesarias son las elecciones? Reconozcámoslo; pero, precisamente por esa necesidad hoy y aquí, admitamos también que no podemos continuar dedicados a la tarea de jugar a ellas o con ellas. O las elecciones son tales, es decir nos abren las opciones que tenemos planteadas o son un simple remedo, una fachada y un pretexto, en cuyo caso es preferible no pensar en lo que nos aguarda. (...) Sigamos, pues, por ahora ocupados en discutir el sexo de los ángeles, pero no olvidemos ¡por favor! que el mal ya se introdujo en la plaza. Que la peste lame nuestros muros".

Carlos Quijano, Marcha nº 1325, 14 de octubre de 1966