jueves 30 de abril de 2009

Salud !


Hijos del pueblo

Hijo del pueblo, te oprimen cadenas
y esa injusticia no puede seguir,
si tu existencia es un mundo de penas
antes que esclavo prefiero morir.
Esos burgueses, asaz egoístas,
que así desprecian la Humanidad,
serán barridos por los anarquistas
al fuerte grito de libertad.

Rojo pendón, no más sufrir,
la explotación ha de sucumbir.
Levántate, pueblo leal,
al grito de revolución social.
Vindicación no hay que pedir;
sólo la unión la podrá exigir.
Nuestro pavés no romperás.
Torpe burgués.
¡Atrás! ¡Atrás!

Los corazones obreros que laten
por nuestra causa, felices serán.
si entusiasmados y unidos combaten,
de la victoria, la palma obtendrán.
Los proletarios a la burguesía
han de tratarla con altivez,
y combatirla también a porfía
por su malvada estupidez.

Rojo pendón, no más sufrir,
la explotación ha de sucumbir.
Levántate, pueblo leal,
al grito de revolución social.
Vindicación no hay que pedir;
sólo la unión la podrá exigir.
Nuestro pavés no romperás.
Torpe burgués.
¡Atrás! ¡Atrás!




Salud a todas las trabajadoras y a todos los trabajadores!

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Quebrando las reglas

Bajo la dirección de Sam Peckinpah, actores como James Coburn y Khris Khristofferson logran estupendas actuaciones. Sumado a lo anterior, la fotografía majestuosa de John Coquillon y la banda sonora de Bob Dylan. Un western memorable, otoñal, imperdible. Pat Garrett & Billy the Kid, 1973.


video

There's guns across the river about to pound you
There's a lawman on your trail like to surround you
Bounty hunters are dancing all around you
Billy, they don't like you to be so free.

Camping out all night on the veranda
Walking in the streets down by the hacienda
Up to Boot Hill the like to send you
Billy, don't you turn your back on me.

There's mills inside the minds of crazy faces
Bullet holes and rifles in their cases
There is always one more notch in four more aces
Billy, and you're playing all alone.

Playing around with some sweet signorita
Into her dark chamber she will greet you
In the shadows of the maizes she will lead you
Billy, and you're going all alone.

They say that Pat Garrett's got your number
So sleep with one eye open, when you wander
Every little sound just might be thunder
Thunder from the barrel of his gun.

There's always another stranger sneaking glances
Some trigger-happy fool willing to take chances
Some old whore from San Pedro'll make advances
Advances on your spirit and your soul.

The businessmen from Taos want you to go down
So they've hired mister Garrett, he'll force you to slow down
Billy, don't let it make you feel so low down
To be hunted by the man who was your friend.

So hang on to your woman, if you got one
Remember in El Paso once you shot one
I'll be in Santa Fe about one
Billy, you've been running for so long.

Gypsy queens will play your grand finale
Way down in some Tularosa alley
Maybe in La Rio Pecas valley
Billy, you're so far away from home
Billy, you're so far away from home

Bob Dylan

El asesino desinteresado Bill Harrigan

La imagen de las tierras de Arizona, antes que ninguna otra imagen: la imagen de las tierras de Arizona y de Nuevo Méjico, tierras con un ilustre fundamento de oro y plata, tierras vertiginosas y aéreas, tierras de la meseta monumental y de los delicados colores, tierras con blanco resplandor de esqueleto pelado por los pájaros. En esas tierras otra imagen, la de Billy the Kid: el jinete clavado sobre el caballo, el joven de los duros pistoletazos que aturden el desierto, el emisor de balas invisibles que matan a distancia, como una magia.

El desierto veteado de metales, árido y reluciente. El casi niño que al morir a los veintiún años debía a la justicia de los hombres veintiuna muertes –"sin contar mejicanos".

EL ESTADO LARVAL

Hacia 1859 el hombre que para el terror y la gloria sería Billy the Kid nació en un conventillo subterráneo de Nueva York. Dicen que lo parió un fatigado vientre irlandés, pero se crió entre negros. En ese caos de catinga y de motas gozó el primado que conceden las pecas y una crencha rojiza. Practicaba el orgullo de ser blanco; también era esmirriado, chúcaro, soez. A los doce años militó en la pandilla de los Swamp Angels (Ángeles de la Ciénaga), divinidades que operaban entre las cloacas. En las noches con olor a niebla quemada emergían de aquel fétido laberinto, seguían el rumbo de algún marinero alemán, lo desmoronaban de un cascotazo, lo despojaban hasta de la ropa interior, y se restituían después a la otra basura. Los comandaba un negro encanecido, Gas Houser Jonas, también famoso como envenenador de caballos.

A veces, de la buhardilla de alguna casa jorobada cerca del agua, una mujer volcaba sobre la cabeza de un transeúnte un balde de ceniza. El hombre se agitaba y se ahogaba. En seguida los Ángeles de la Ciénaga pululaban sobre él, lo arrebataban por la boca de un sótano y lo saqueaban.

Tales fueron los años de aprendizaje de Billy Harrigan, el futuro Billy the Kid. No desdeñaba las ficciones teatrales; le gustaba asistir (acaso sin ningún presentimiento de que eran símbolos y letras de su destino) a los melodramas de cowboys.

GO WEST!

Si los populosos teatros del Bowery (cuyos concurrentes vociferaban "¡Alcen el trapo!” a la menor impuntualidad del telón) abundaban en esos melodramas de jinete y balazo, la facilísima razón es que América sufría entonces la atracción del Oeste. Detrás de los ponientes estaba el oro de Nevada y de California. Detrás de los ponientes estaba el hacha demoledora de cedros, la enorme cara babilónica del bisonte, el sombrero de copa y el numeroso lecho de Brigham Young, las ceremonias y la ira del hombre rojo, el aire despejado de los desiertos, la desaforada pradera, la tierra fundamental cuya cercanía apresura el latir de los corazones como la cercanía del mar. El Oeste llamaba. Un continuo rumor acompasado pobló esos años: el de millares de hombres americanos ocupando el Oeste. En esa progresión, hacia 1872, estaba el siempre aculebrado Bill Harrigan, huyendo de una celda rectangular.

DEMOLICIÓN DE UN MEJICANO

La Historia (que, a semejanza de cierto director cinematográfico, procede por imágenes discontinuas) propone ahora la de una arriesgada taberna, que está en el todopoderoso desierto igual que en alta mar. El tiempo, una destemplada noche del año 1873; el preciso lugar, el Llano Estacado (New Mexico). La tierra es casi sobrenaturalmente lisa, pero el cielo de nubes a desnivel, con desgarrones de tormenta y de luna, está lleno de pozos que se agrietan y de montañas. En la tierra hay el cráneo de una vaca, ladridos y ojos de coyote en la sombra, finos caballos y la luz alargada de la taberna. Adentro, acodados en el único mostrador, hombres cansados y fornidos beben un alcohol pendenciero y hacen ostentación de grandes monedas de plata, con una serpiente y un águila. Un borracho canta impasiblemente. Hay quienes hablan un idioma con muchas eses, que ha de ser español, puesto que quienes lo hablan son despreciados. Bill Harrigan, rojiza rata de conventillo, es de los bebedores. Ha concluido un par de aguardientes y piensa pedir otro más, acaso porque no le queda un centavo. Lo anonadan los hombres de aquel desierto. Los ve tremendos, tempestuosos, felices, odiosamente sabios en el manejo de hacienda cimarrona y de altos caballos. De golpe hay un silencio total, sólo ignorado por la desatinada voz del borracho. Ha entrado un mejicano más que fornido, con cara de india vieja. Abunda en un desaforado sombrero y en dos pistolas laterales. En duro inglés desea las buenas noches a todos los gringos hijos de perra que están bebiendo. Nadie recoge el desafío. Bill pregunta quién es, y le susurran temerosamente que el Dago –el Diego– es Belisario Villagrán, de Chihuahua. Una detonación retumba en seguida. Parapetado por aquel cordón de hombres altos, Bill ha disparado sobre el intruso. La copa cae del puño de Villagrán; después, el hombre entero. El hombre no precisa otra bala. Sin dignarse mirar al muerto lujoso, Bill reanuda la plática. "¿De veras?", dice. "Pues yo soy Bill Harrigan, de New York." El borracho sigue cantando, insignificante.

Ya se adivina la apoteosis. Bill concede apretones de manos y acepta adulaciones, hurras y whiskies. Alguien observa que no hay marcas en su revólver y le propone grabar una para significar la muerte de Villagrán. Billy the Kid se queda con la navaja de ese alguien, pero dice "que no vale la pena anotar mejicanos". Ello, acaso, no basta. Bill, esa noche, tiende su frazada junto al cadáver y duerme hasta la aurora –ostentosamente.

MUERTES PORQUE SÍ

De esa feliz detonación (a los catorce años de edad) nació Billy the Kid el Héroe y murió el furtivo Bill Harrigan. El muchachuelo de la cloaca y del cascotazo ascendió a hombre de frontera. Se hizo jinete; aprendió a estribar derecho sobre el caballo a la manera de Wyoming o Texas, no con el cuerpo echado hacia atrás, a la manera de Oregón y de California. Nunca se pareció del todo a su leyenda, pero se fue acercando. Algo del compadrito de Nueva York perduró en el cowboy; puso en los mejicanos el odio que antes le inspiraban los negros, pero las últimas palabras que dijo fueron (malas) palabras en español. Aprendió el arte vagabundo de los troperos. Aprendió el otro, más difícil, de mandar hombres; ambos lo ayudaron a ser un buen ladrón de hacienda. A veces, las guitarras y los burdeles de Méjico lo arrastraban.

Con la lucidez atroz del insomnio, organizaba populosas orgías que duraban cuatro días y cuatro noches. Al fin, asqueado, pagaba la cuenta a balazos. Mientras el dedo del gatillo no le falló fue el hombre más temido (y quizá más nadie y más solo) de esa frontera. Garrett, su amigo, el sheriff que después lo mató, le dijo una vez: "Yo he ejercitado mucho la puntería matando búfalos". "Yo la he ejercitado más, matando hombres", replicó suavemente. Los pormenores son irrecuperables, pero sabemos que debió hasta veintiuna muertes –"sin contar mejicanos". Durante siete arriesgadísimos años practicó ese lujo: el coraje.

La noche del 25 de julio de 1880, Billy the Kid atravesó al galope de su overo la calle principal, o única, de Fort Sumner. El calor apretaba y no habían encendido las lámparas; el comisario Garrett, sentado en un sillón de hamaca en un corredor, sacó el revólver y le descerrajó un balazo en el vientre. El overo siguió; el jinete se desplomó en la calle de tierra. Garrett le encajó un segundo balazo. El pueblo (sabedor de que el herido era Billy the Kid) trancó bien las ventanas. La agonía fue larga y blasfematoria. Ya con el sol bien alto, se fueron acercando y lo desarmaron; el hombre estaba muerto. Le notaron ese aire de cachivache que tienen los difuntos.

Lo afeitaron, lo envainaron en ropa hecha y lo exhibieron al espanto y las burlas en la vidriera del mejor almacén.
Hombres a caballo o en tílbury acudieron de leguas a la redonda. El tercer día lo tuvieron que maquillar. El cuarto día lo enterraron con júbilo.

JL. BorgesLeer más...

miércoles 29 de abril de 2009

La peste lame nuestros muros


Para los acomodadores, los acomodados y los que están por acomodarse

"Los hechos ignorados, olvidados, negados, constituyen el país real. No necesitan que se les recuerde para existir; pero no pesarán en el trajín cotidiano de la política mientras ellos, los hombres que los engendran y los padecen, no adquieran conciencia. A la verdad hay que ayudarla a abrirse camino. Puede que esa conciencia llegue porque los ojos y los entendimientos se abran voluntariamente. Puede también que llegue porque un día los escarnecidos hechos irrumpan en forma inesperada y brutal.

Algunos indicios, no obstante, asoman. Porque parece evidente que otra vez los partidos políticos podrán eludir el desafío; porque parece evidente que de nuevo los partidos, sobre todo los grandes, lograrán que el 27 de noviembre sea olvidado y pospuesto lo que cuenta; porque parece evidente que esos grandes partidos y sus capitostes se dividirán el poder para, después, como acontece desde antiguo, no sepan lo que hacer con él. Pero, nunca elección alguna ha estado marcada de manera tan visible por la indiferencia y el desconcierto. Esta desconfianza subyacente puede ser el comienzo de la sabiduría. Las gentes empiezan a sospechar que el rito no se aviene con la vida. Que el espíritu abandonó a la iglesia, los oficiantes repiten por rutina y los males no se curan con exorcismos y ensalmos.

Esto le da a los días que nos separan de las elecciones un tinte histórico particular. Gane quien gane (algunos lo saben, muchos lo intuyen) todo seguirá igual o marchará peor. El curso de los hechos será el mismo. Más allá del horizonte o la meta prefijados, se acumulan las grandes interrogantes que pesan sobre nuestro destino. Más allá. Y ora sea el triunfo de la sub fracción O de la fracción X del lema Z, ora de la sub fracción B de la fracción J del lema H; ora aquellos partidos mantengan sus posiciones, ora acrezcan sus conquistas; ora se hagan dueños de un lema estos o los otros, dichas grandes interrogantes no se conmoverán...



...¿Necesarias son las elecciones? Reconozcámoslo; pero, precisamente por esa necesidad hoy y aquí, admitamos también que no podemos continuar dedicados a la tarea de jugar a ellas o con ellas. O las elecciones son tales, es decir nos abren las opciones que tenemos planteadas o son un simple remedo, una fachada y un pretexto, en cuyo caso es preferible no pensar en lo que nos aguarda. (...) Sigamos, pues, por ahora ocupados en discutir el sexo de los ángeles, pero no olvidemos ¡por favor! que el mal ya se introdujo en la plaza. Que la peste lame nuestros muros".

Carlos Quijano, Marcha nº 1325, 14 de octubre de 1966

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martes 28 de abril de 2009

La Edad de Oro (Daniel Vidart)


Illo tempore
La Edad de Oro

Así como la tradición bíblica coloca en el comienzo de la vida humana a la pareja formada por Adam y Eva en el Jardín del Edén, el tan mentado Paraíso Terrenal, sede del ocio y la inocencia, los mitos de otros pueblos también inician la historia a partir de una edad sin mal, sin guerra, sin enfermedad, sin la penuria del trabajo y, muchas veces, sin la ominosa presencia de la muerte.

Una transgresión, generalmente a cargo de una mujer, enoja a los divinos hacedores y custodios de la humanidad recién inaugurada, cuya cólera, muchas veces excesiva, termina con los dones de aquella época feliz. Comienza entonces una decadencia de las costumbres, un sucesivo envilecimiento de las almas, una pérdida de la primitiva felicidad y perfección que igualaba en más de un sentido a los hombres con los dioses.

Los gerontes de la tribu y los portadores campesinos del folclore, aquellos memoriosos ancianos que se acuclillaban junto al fuego rodeados por ávidos oyentes, conservaron los relatos que evocaban mundos perfectos y sociedades dichosas y, de tal modo, esa herencia mítica guardada por la tradición oral, y recogida luego por escrito, dio origen, entre otras cosas, a múltiples interrogantes acerca de los motivos que originaron la nostalgia que se manifiesta en todas las sociedades, las antiguas, las arcaizantes y las modernas, acerca de un lugar y un tiempo en los que unos intachables antepasados, víctimas de una Caída, sufrieron una desgraciada involución en el orden del cuerpo y del espíritu. Algunos antropólogos opinan que se evocan los tiempos anteriores a la agricultura, época en la que aparecen la propiedad de la tierra, la acumulación de la riqueza y el inicio de la mano de obra cautiva. Otros se internan en las profundidades del inconsciente, en el útero primigenio de la madre naturaleza, donde todo era reposo y deleite fetal. Otros, finalmente, se remiten al “todo tiempo pasado fue mejor”, que atraviesa con un hilo de nostalgia las cuentas de los años y las generaciones.

El discurso del Quijote a los cabreros
En honor a los cuatrocientos años del Quijote, la mejor novela de todos los siglos, y sin que ello constituya un anacronismo sino un portal para encontrar las menciones originarias del illo tempore– quiero transcribir parte del discurso que les espetó a unos atónitos pastores de cabras aquel caballero que vivía y actuaba a destiempo con el siglo XVII, llamado “de hierro”.

Seamos entonces cabreros todos –pero sin enojo– para escuchar de nuevo aquella memorable evocación del descabalado manchego: “Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad del hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes, a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas, que literalmente los estaban convidando con su dulce y sazonado fruto. [...] Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia; aún no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre, que ella, sin ser forzada, ofrecía... [...] No había la fraude, el engaño ni la malicia mezclándose con la verdad y llaneza. La justicia se estaba en sus propios términos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interese, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen. La ley del encaje aún no se había asentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había qué juzgar, ni quién fuese juzgado. Las doncellas y la honestidad andaban, como tengo dicho, por dondequiera, solas y señeras, sin temor de que la ajena desenvoltura y lascivo intento las menoscabasen, y su perdición nacía de su gusto y propia voluntad. [...]”

Queda a cargo del lector interpretar el secreto sentido de estas frases, aunque es bueno aclarar que por entonces se decía la fraude y no el fraude y que la ley del encaje era la ley del embudo, aplicada según el talante del juez y no la ordenanza de la ley. Tampoco tiene desperdicio el apunte acerca de la virtud de las doncellas, que se perdía por deseo propio y no por violencia ajena. Pero todo esto, con ser tan diciente, viene de rebote. Vayamos entonces a las fuentes mediterráneas y a las orientales para hallar los primeros testimonios literarios acerca de aquella aurora ingenua, perezosa y feliz de la humanidad.




El relato de Hesíodo
Siete siglos antes de nuestra era un poeta y labrador griego, originario de Beocia, compuso un singular poema llamado Los trabajos y los Días (Erga kai Hemerai), donde exaltaba los valores del trabajo y la justicia. Su voz se levanta airada contra los despiadados terratenientes, contra los jueces venales, contra los agricultores disipados, haraganes y picapleitos, entre los cuales figura su hermano Perses. Es en este poema donde se evoca el mito de las distintas razas de hombres que, en una espiral descendente, de progresiva decadencia, transitan desde la raza o generación de Oro hasta la de Hierro, a la que pertenece, según lo reconoce expresamente el inspirado labriego.

Quiero aclarar que muchos comentaristas de este mito suponen que, de acuerdo con lo que en él se narra, las sociedades humanas han degenerado paulatina y linealmente a lo largo de los milenios. Pero no es así. Los griegos creían en la circularidad del tiempo cósmico y existencial. El Eterno Retorno obraba a lo largo de un Gran Año, o sea un ciclo que Platón, influido por los pitagóricos, fijó en 72. 000 años –la primera mitad de ascenso y la segunda de decadencia–. En ese largo período todo perecía y renacía para volver luego a extinguirse, copiándose y repitiéndose a sí mismo, tanto en el universo de las formas como en el de las sustancias. Dichas ideas acerca de la reiterada y fatigante ronda temporal de mundos y humanidades, creación tras destrucción y viceversa, prohijaron el mito de las razas de oro, de plata, de bronce, de héroes o semidioses y de hierro que describió Hesíodo en su poema moral, al cabo fiel vocero de las tradiciones populares de su época, la convulsa Edad Media griega.

La raza de Oro
Hesíodo no habla de una edad sino de una raza de oro. Kryseon mèn prótísta genos meróton anthrópon (“de oro fue la primera raza –o generación, o estirpe– de hombres perecederos “) escribe claramente en el verso 109 de su poema. Esta raza de hombres del amanecer vio la luz cuando reinaba Kronos, el hijo del Cielo (Ouranos) y la Tierra (Gea). Este dios alabado por los poetas, no obstante su fama de bonachón y permisivo devoraba a sus descendientes para que no lo destronasen, salvo Zeus, el futuro parricida y sucesor, quien, escondido por su madre en Creta, escapó al filicidio. Y bien, bajo la égida benevolente de Kronos –las kroniai, o sea las fiestas instituidas en su honor, al igual que las saturnales romanas, fueron las lejanas simientes del carnaval.

“Vivían como dioses, con el corazón libre de cuidados, sin padecer penurias ni miserias. No sufrían las afrentas de la vejez; sus pies y manos conservaban la fuerza juvenil; les encantaban los festines, lejos de los afligentes males, y morían como se duerme. Disfrutaban de todos los bienes; el suelo fecundo producía por sí solo una abundante y generosa cosecha, y ellos, llenos de alegría y de paz, vivían de lo que espontáneamente brindaban sus campos, en medio de infinitos dones.”

Lo dicho por este sufrido labrador a su díscolo hermano Perses alcanza para aquilatar los beneficios de una era ideal, plena de abundancia, carente de egoísmos, comunista en la praxis si no en la (inexistente) teoría, pues la solidaridad y la ayuda mutua eran el común denominador de las sociedades humanas. A todo ello se sumaban las virtudes de una naturaleza pródiga, considerando el “afuera”, y una salud corporal y mental perpetuas, considerando el “adentro”, cuyos beneficios contribuían para que aquella gente sin arriba y sin abajo estuviera al margen de los conflictos sangrientos, libre de enfermedades, exenta de labores agobiantes y alegrada por continuas francachelas.

El poema Las Purificaciones del filósofo Empédocles de Agrigento (483 - 430 a. J. C.) se refiere también a una edad primera en la cual las sociedades de felices mortales no tenían “ningún dios Ares [el portador de la Discordia, el dios de la Guerra], ni Kidimo, ni Zeus rey, ni Krono ni Posidón, sino una sola reina, Cypris [Afrodita, la señora cósmica del Amor]. Los hombres la propiciaban con imágenes piadosas, con pinturas de animales, con ungüentos de delicada fragancia, con sacrificios de mirra pura y de incienso oloroso, derramando en tierra libaciones de miel dorada. No humedecía el altar la sangre inmaculada de los toros pues se consideraba como cosa abominable el quitarles violentamente la vida y devorar sus nobles miembros”.

Era esta una época de piedad sencilla, de paz y vegetarianismo, lo que nos retrotrae a la recolección vegetal de la más lejana historia. Dicha edad tranquila y armoniosa, donde la fraternidad no era solamente una bella palabra sino una práctica cotidiana entre todos los seres vivientes, termina cuando comienza el derramamiento de sangre humana y de sangre animal. Los combates por los cotos de caza a raíz del consumo de carne venatoria acarreó el advenimiento de la discordia y el fin de las buenas relaciones con las bestias inocentes que vivían en hermandad con los hombres. Ese fue el pecado original que terminó con la Edad de Oro, según la versión de Empédocles, recogida luego por Píndaro, aunque trasladando aquellas viejas virtudes a los Campos Elíseos, donde van las almas de los héroes sin tacha. (Olímpica II, dedicada a Terón de Agrigento.)

También existen resonancias de la Edad de Oro en Las Leyes de Platón y en los escritos de Dicearco, quien opuso la phronesis de la vida práctica a la sophía de los contemplativos, y en las obras del neoplatónico, y a la vez ecléctico, Porfirio, quien, enamorado de la Unidad Suprema, desarrolló importantes ideas acerca de la naturaleza del mal. Pero con lo expresado hasta acá sobre el viejo mito acerca del primigenio estado de gracia del hombre y su resonancia en la literatura y la filosofía helénica por ahora es suficiente.

La versión de Ovidio
Los romanos, al igual que los griegos, suponían que la historia se repetía indefinidamente: de un tiempo joven se pasaba a un tiempo maduro y luego a un tiempo envejecido, minado por la desesperanza, la corrupción y la desmesura de las pasiones y los vicios. Lo que al comienzo era puro y lozano se desgastaba al paso de los siglos, y al final todo se corrompía y se derrumbaba, desde el universo a la vida, desde las estrellas a los hombres. Luego el proceso empezaba de nuevo en un modelo pulsátil que reproducía, como en un calco, lo sucedido en evos anteriores.

Marco Aurelio afirmaba en sus Meditaciones que el alma racional, al contemplar la rueda del tiempo infinito “advierte las periódicas destrucciones y renacimientos del universo y de tal modo piensa que nada nuevo contemplarán nuestros descendientes y que nuestros ancestros tampoco pudieron ver mayores grandezas que las que nosotros vemos”. Y remataba su desolado razonamiento de este modo: “Un hombre de cuarenta años, dueño de una inteligencia normal, puede expresar que ya ha visto todo lo sucedido en el pasado y en el futuro, pues así de uniforme es el mundo”.

El fuego y el agua –erupciones gigantescas y diluvios mundiales– son los encargados de acabar con cada ciclo y el siguiente, generado a partir de las cenizas y ruinas del anterior, se inaugura con una nueva Edad de Oro. A esa Edad de Oro, y no raza o generación como decía Hesíodo, se refirió Ovidio (43 a.J.C. - 18 d.J.C.) en las Metamorfosis cuando describe las cualidades y características de cada uno de los cuatro grandes períodos –oro, plata, bronce, hierro– abarcados por el ciclo de nacimiento, juventud, madurez y senectud del Universo físico y viviente. Son famosos los versos 89–90 que encabezan la descripción de la Edad de Oro:
Aurea prima sata est aetas quae, vindice nullo, / Sponte sua, sine lege, fide rectumque cólebat.

Este inicio, al que agrego la traducción libre de los versos posteriores donde se da cuenta de los rasgos paradisíacos de aquella perdida Edad de Oro, prosigue del siguiente modo:
“La Edad de Oro fue la que nació primeramente. Sin leyes, sin magistrados, cumplía por si sola con la justicia y del mismo modo reinaba la buena fe. No se conocían ni el temor ni los castigos, no se redactaban leyes inicuas ni una muchedumbre suplicante temblaba ante los jueces, y los mortales vivían tranquilos sin su ayuda. Los mortales solamente conocían lo que estaba más acá del horizonte y las ciudades no estaban rodeadas por profundas fosas. No resonaban clarines ni trompetas, no se veían ni cascos ni espadas, y los pueblos, sin la presencia de los soldados, vivían tranquilamente, en plena paz, disfrutando una vida colmada de regocijos y placeres. La tierra, sin ser forzada, sin ser desmenuzada por el rastrillo ni herida por los surcos del arado, brindaba espontáneamente todos sus frutos. Los hombres, satisfechos con los alimentos que ella les ofrecía sin ser violentada (y violada), recolectaban madroños, cornejos, fresas de las montañas, moras adheridas a las zarzas espinosas y las bellotas caídas del poderoso árbol de Júpiter [el roble]. Por ese entonces reinaba una eterna primavera y los céfiros dulces acariciaban, con sus alientos suaves, a las flores nacidas sin cultivo.

En resumen, las campiñas todas, sin ser rejuvenecidas por ninguna labor, rendían el tesoro de sus espigas. Por aquí serpenteaban arroyos de leche, por allá corrían ríos de néctar y desde los huecos de las verdes encinas destilaba una purísima miel.”

Hasta acá lo que dice Ovidio acerca de aquellos maravillosos tiempos primitivos, cuando hombre y tierra eran hermanos y los mortales no conocían ni la propiedad privada, ni la explotación del semejante, ni las desmesuras del poder, la envidia y el egoísmo. Es decir, cuando aún no había ingresado, como se cuenta en Génesis 2, el mal en el mundo.

Orígenes chinos: la Edad Perfecta
Muy lejos del área mediterránea, donde florecieron las civilizaciones de Grecia y de Roma, los sabios y los poetas de otros pueblos evocaron, generalmente en medio de épocas terribles, la arcaica felicidad de unas gentes sin dolencias físicas ni carencias morales, sin confrontaciones bélicas ni querellas familiares, sin las aflicciones impuestas por un inclemente trabajo y una naturaleza agresiva. Se trataba, claro está, de la memoria popular hermoseada por los eruditos, pues antes que esos espíritus esclarecidos celebraran la primavera pacífica y fraterna de la humanidad, la sabiduría de los humildes había forjado, mitad imaginación y mitad realidad, el mundo de los mitos.

Los ejemplos son múltiples, a partir de las antiquísimas culturas de Sumeria y Babilonia, pero es en China donde el pensamiento filosófico y la sensibilidad poética manejan una sorprendente riqueza de símbolos cósmicos y antrópicos, en su mayoría provenientes de recuerdos, consejas y leyendas que se pierden en la niebla de los tiempos. Estas evocaciones son, sin que haya existido contacto histórico alguno ni secretas fuentes comunes, salvo los mitos neolíticos que recuerdan en todas las sociedades los tiempos anteriores a la agricultura, evocados por Morgan y Engels, sorprendentemente parecidas a las de la antigüedad clásica del orbe mediterráneo.

En tal sentido conviene citar unos conceptos de René Grousset, que figuran en su libro La Chine et son art: “Hay que buscar ejemplos en la América precolombina para hallar un aislamiento milenario similar al de la China. No obstante, si bien no se puede ignorar su poder creador, los indios americanos no fueron capaces de lograr valores humanos dotados de la universalidad que supo imprimirles el mundo chino.
Resulta esto lógico. Tan largo aislamiento, que permitía una prolongada incubación en un ambiente cerrado, certificaba de este modo la originalidad de una cultura, la china, que pudo haberse desarrollado, como un sistema de concepciones volcadas en sí mismas, inaccesibles para otras mentalidades. No obstante el espíritu chino, al igual que el griego y el latino, reveló su predisposición a las ideas generales. Ello permitió, como sucediera en Grecia y Roma, que pensara en términos de universalidad.

Del mismo modo que el genio grecorromano, el chino también, en su mundo, generó una sabiduría, una estética y un humanismo completos.”
No fue tan absoluto el aislamiento de China, hacia el siglo primero de la era cristiana tuvo contactos con el budismo, un estuario de las voces de la India y los ecos lejanos de Grecia –las secuelas helenizantes de la campaña de Alejandro Magno– y los más próximos del Irán. Los mongoles fronterizos, poseedores de virtudes hípicas pero bárbaros al fin también hicieron de las suyas, aunque los conquistados los conquistaron al fin con la delicada trampa de su cultura. A ello se sumaron las influencias nestorianas, maniqueas e islámicas. Pero toda esta metralla cultural disparada desde afuera no conmovió los cimientos del conservador y pragmático Imperio del Medio, tan apegado a las inmemoriales costumbres y a la numerología simbólica.

La visión de los viejos sabios
Vamos a comenzar por Lao Tse (o Lao Zi, según la nueva grafía, que en esta ocasión dejo de lado) quien, en su tratado sobre el Tao (esto es el Camino, el Principio de las Cosas, el Orden Cósmico, el Discurrir de la Sabia Naturaleza), recuerda la Era del Perfecto Carácter en la cual los hombres
“Se amaban sin saber que sentir el amor es benevolencia; eran honrados y probos sin saber que esto es lealtad; se prestaban mutuamente servicios y favores sin pensar que hacían o recibían un regalo. De tal modo sus buenas acciones no dejaban huellas ni quedaban registradas sus transacciones”.
Uno de los discípulos de Lao Tse, Chuang Tse, cantó loas a los tiempos en que los seres antiguos transcurrían en un mundo de sencillez primitiva en el cual “el yin y el yang se movían en armonía al par que la serena vida de las personas no era turbada por los malos espíritus de los hombres y los animales. Por ese entonces las cuatro estaciones se desenvolvían con un ritmo ordenado, la naturaleza creada estaba intacta y las gentes vivían muchísimos años”.

Por los tiempos de Sócrates, Platón y Aristóteles, cuando el pensamiento griego celebraba su apogeo, un colega de aquellos filósofos, el taoísta Lie–Tse, al exaltar la paz de los tiempos de la Suma Perfección y la Gran Armonía decía así: “Por ese entonces cundía la amabilidad y los hombres, sin peleas ni discusiones, vivían conforme a los dictados de la naturaleza. Hombres y mujeres fornicaban libremente pues no se estilaban los matrimonios. Sin manejar el arado ni levantar cosechas las gentes se asentaban en las frescas orillas de los ríos, y dado que el aliento de la Tierra era tibio no necesitaban tejer telas para vestirse. Se morían recién a los cien años sin tener que padecer enfermedades crueles ni muertes tempranas. Sin conocer la propiedad privada, todo era en ellos expansión y regocijo. Felices sin tregua no había en sus cuerpos decadencia ni vejez, y no los visitaban las tristezas, los sinsabores y las frustraciones”.
Como habrá podido comprobarse, se trataba de un cuadro idílico, semejante al de las otras edades de oro y paraísos soñados por la nostalgia de gentes asediadas por las desdichas y diezmadas por las guerras. Y no para acá la alabanza de aquellos tiempos ubicados en la legendaria edad de los orígenes, cuando gobernaban los San Huang –los Tres Augustos– y los Wu Ti –los Cinco Soberanos. El famoso Emperador Amarillo contaba en su Tratado sobre la Medicina que fue la violencia, cada vez más extendida y letal, la que acabó con el candor y la salud de aquellas remotas poblaciones.
Para finalizar, me remitiré al pensamiento del rebelde Pao Ching Yen, un outsider que no seguía los pasos del rebaño ni acataba las autoridades consagradas por la tradición. Este empinado personaje resume lo expresado por los precedentes sabios taoístas del siguiente modo:
“Por aquel entonces no se conocían ni los señores crueles ni los funcionarios rapaces. Sin que nadie lo ordenara el trabajador independiente salía por la mañana recién nacida a realizar sus livianas tareas y regresaba a su hogar a la hora del crepúsculo. Todos eran libres, se expresaban libremente y libremente se movían. Al no haber caminos montañeses ni puentes, ni embarcaciones, ni corrientes navegables, nadie pensaba invadir el terruño de esas gentes. Una milagrosa y mágica igualdad emparejaba a todos los hombres y no pensaban en sí mismos, entregados colectivamente al culto del Tao. No existían epidemias y luego de una larga existencia sobrevenía la muerte sin dolor, como si llegara el sueño. Todos tenían corazones limpios, incapaces de engañar, de calumniar, de maquinar traiciones. La comida alcanzaba para cubrir las necesidades de las gentes más humildes, las barrigas estaban ahítas y luego de comer abundantemente platillos bien sazonados, se emprendían, entre conversaciones de amigos y vecinos, largas caminatas para digerir los alimentos.”

El espíritu chino
A esta altura del discurso, que al fin de cuentas se convirtió en una antología de remotas voces orientales, ya no conviene seguir amontonando testimonios acerca de las Antiguas Perfecciones, o de las Cinco Virtudes, o de los Trece preceptos del Hombre de Bien, que campeaban en las ingenuas y ejemplares edades de oro. La numerología china, en este sentido, y lo aclaro para que el lector no se sorprenda, corre parejas con las axiologías morales y los mandamientos de la etiqueta.

Pero, no obstante estos espejismos virtuales, la quintaesencia del espíritu chino, integrado por el aliento cósmico del Ching y el elan vital del Chii, les está vedada a quienes no caminaran con los ojos bien abiertos “para que sabiendo mirar se aprenda a ver” como me aconsejaba el camarada Li mientras recorríamos, a pura pata, los senderos arcillosos de Shenshi, la provincia de áridas y amarillentas tierras, reviviendo el último tramo de la Gran Marcha de Mao.

Existen, a remolque de las aquí descriptas o navegando por sí solas a todo viento, otras edades de oro, sean las de los pueblos ágrafos, mal llamados salvajes, sean las de los campesinos analfabetos, cuya riqueza moral e ímpetu evocativo ayuda a disipar uno de nuestros más corrientes errores, tal como la creencia de que sólo la biblioteca y la academia son las dueñas de todo el saber acerca del mundo. Una cosa es saber, estar informado conocimiento afuera, y otra es entender, estar formado conciencia adentro.

Tal fue la magia cultural que animó el pensamiento y la sensibilidad de los pueblos clásicos –griegos y romanos– que desde el nicho mediterráneo acunaron a la civilización de Occidente y que, en el área monzónica, dotó con alas de dragón al vuelo de otra civilización cuya antorcha nunca extinguida iluminó, milenio tras milenio, las etapas históricas de las humanidades chinas.

La Edad de Hierro
El consolador mito de la Edad de Oro no nace porque sí. Es el producto de un rechazo a los tiempos difíciles en los que se debatía la humanidad griega en los tiempos de Hesíodo o a los padecimientos populares desencadenados en la antigua China por las continuas contiendas entre los Reinos Combatientes. En el caso griego el rey arcaico, el basiléus, había sido reemplazado por un enjambre de nobles terratenientes que oprimían a sus labriegos y combatían entre sí. Eran épocas revueltas, de stasis, esto es, de conflicto social, de triunfo de los fuertes y explotación de los débiles. No existía la justicia, los jueces venales eran corrompidos por los presentes de los nobles, los hombres armados, convertidos en lobos, actuaban como los personajes de un drama hobbesiano –homo homini lupus, ya se había lamentado Plauto– cuyo diario oficio era robar y matar. Dejemos que lo diga Hesíodo. Su dolida y por momentos admonitoria voz atraviesa los milenios como un eco de sí misma, reiterando el retrato de una humanidad ensañada contra la disminuida dignidad de su especie. Escuchemos, pues, la palabra del labriego poeta, quien se expresa con duras y amargas palabras:
“Oh, si yo no viviera entre esta quinta generación humana, o más bien si hubiera muerto antes o nacido después [No sorprenderse: este “después” menta al Eterno Retorno, a la circularidad del tiempo que, finalizado el período de decadencia y ruina, inaugurará una renovada Edad de Oro]. Porque ahora es la Edad de Hierro. Los hombres no dejarán de estar atormentados por trabajos y miserias durante el día ni corrompidos durante la noche [...] Entretanto, los bienes se mezclarán con los males [...] No será el padre semejante al hijo, ni el hijo semejante al padre, ni el huésped al huésped, ni el amigo al amigo, y el hermano no tendrá como otrora amor por su hermano. Los hijos impíos despreciarán a sus ancianos padres y proferirán contra ellos palabras injuriosas, sin temer la mirada de los dioses. Henchidos de violencia no devolverán a sus canosos progenitores los cuidados que ellos les prodigaron. El uno entrará a saco en la ciudad del otro. No habrá ninguna piedad, ni justicia, ni amables comportamientos, y sólo se tendrá respeto al hombre desmesurado e inicuo. Nada de equidad, pues, y nada de pudor. El malevolente ultrajará al justo con palabras perniciosas, y el perjurio será su diario alimento [...] Entonces los dolores se instalarán entre los mortales y no habrá alivio para sus desventuras.”

Ovidio también describe los horrores de esta Edad de Hierro y de la muerte a mano armada. Pero el escenario es otro.
Protinus irrumpit venae pejoris in aevum / Omnen nefas : fugere pudor, verumque, fidesques. . . .
Si se traduce esto y lo que viene a continuación en el curso de aquel ceñido y elegante decir latino, tendremos así expresada la queja de Ovidio al referirse a la Edad de Hierro:
“Todos los crímenes se precipitaron en masa en este siglo impío. Entonces huyeron el pudor, la verdad, la buena fe, y en su lugar reinaron el fraude, el artificio, la traición, la violencia y la nefasta sed de oro [...] La tierra, hasta entonces común a todos, como lo son el aire y la luz, sufrió el desacato del labrador que cercó su campo con límites firmes. Pero no alcanzó con pedir a la fecundidad del suelo las cosechas y alimentos necesarios para vivir; se descendió a las mismísimas entrañas de la tierra. Se desenterraron de tal modo los tesoros que ella había escondido en su seno [...] y que sólo sirven para acrecentar nuestros males. Ya habían aparecido el hierro homicida y el oro, más funesto todavía que aquél. También se hizo presente la guerra, cuya mano ensangrentada hace entrechocar las armas resonantes. Se vive, en consecuencia, de rapiñas.”

Unos pocos versos más, casi calcados de los de Hesíodo, finalizan la descripción de esta época negra, en la que todavía hoy la humanidad está sumida. Desdichadamente ha sobrevenido esta larga catástrofe porque prevaleció el lado titánico de la condición humana. No hemos salido aún de la Edad de Hierro. Más bien sus maleficios se han acrecentado: antes un brazo empuñaba una lanza o una espada y moría un hombre, hoy un solo dedo puede activar el disparo de una cabeza nuclear, matando a millones.
Y con el temprano advenimiento de los cuatro jinetes del Apocalipsis, cuyo delirio asesino ha sido acrecentado por la expansión planetaria de la cultura occidental, se han multiplicado los atropellos, los abusos, las vejaciones, las desigualdades insultantes entre los que tienen la riqueza, el poder y el saber y los sumergidos en un mar de miedo, miseria y desconsuelo.

Pero también, entre tanta soberbia, injusticia y postergación, refrendadas por el apogeo de una ciencia sin conciencia, se definen día a día con mayor nitidez y coraje los esfuerzos por fundar un futuro mejor. Dicho futuro, quizá remoto, si bien no será el florecimiento de una nueva Edad de Oro ni el triunfo virtual de la Utopía, sabrá escuchar sin duda el evangélico mensaje de los hombres de buena voluntad. Aguardémoslo, pero no pasivamente. También la paz tiene sus espadas: ellas son esgrimidas por los que luchan por un mundo mejor, que por cierto no habrá de parecerse al conformista “mejor de los mundos” que Leibniz propone en su Teodicea.

La humanidad, que chapalea penosamente por los caminos de la historia, se salpica con el agua tempestuosa del tiempo, con el barro de lo perfectible prefigurado en la mente de un alfarero, quien sueña con el ánfora que está por nacer. Y eso alcanza para tener la convicción de que, pese a los obstáculos y postergaciones, avanzamos con pasos firmes a veces y a tientas otras, hacia una época de racionalidad y caridad –hablo de la caritas cristiana, del amor propiamente dicho–, no importa si solamente iluminados por luciérnagas. No olvidemos que, como dicen los chinos, es preferible alumbrar el sendero con un pequeño farol antes que caminar a tientas en medio de la oscuridad. Y lo que hoy está oscuro no es el cielo sino el corazón del hombre.

Daniel Vidart
Antropología social y cultural en Uruguay, 2007, UNESCO


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viernes 24 de abril de 2009

e-Lecciones 2009

Otro compañero de lista. Ya llegará el turno de las CandyGatas...
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Una sugerencia para los tiempos que se avecinan.



“Ya la sopa presentan en la mesa,
de excelente comida anuncio cierto,
dorada, sustanciosa, ¡oh cual exhala
el olor de la vaca y de torreznos!
Jugo de vegetales es su caldo,
y de gallina menudillos tiernos,
acompañada con ligera escolta
de platillos hermosos, cuyo objeto
es mover suavemente los sentidos,
y abrir el apetito casi muerto.
Con pompa y majestad, tras de la sopa
una podrida olla va viniendo,
do deben descubrirse confundidos
la gallina, el chorizo y el carnero,
el jamón y la vaca entre el garbanzo,
acompañados de tocino fresco”.
José de Urcullu






Antonio Salsete, en el libro El cocinero religioso dicta unas
normas para hacer una buena sopa:
“Lo primero que, cuando hubieras de hacer sopas, tengas pan duro de que cortarlas.
Segundo, que las cortes lo más delgadas que se pudiese.
Tercero, que nunca eches el caldo caliente.
Cuarto, que toda sopa ha de salir jugosa y no sequerosa.
Quinto, que el pan francés es excelente para sopa.
Sexto, que toda sopa la puedes bordar o adornar con longaniza, jamón, meolladas, cogollos
de hierbas cocidas.
Séptimo, que echado el caldo, lo debes embeber un rato. Y, en dando un hervor, dos, lo
apartarás y taparás”.
NOTA: Las meolladas son los sesos de una res o el preparado que se hace con médula
sacada de los huesos.


No conozco fondero que se anime a consumir la sopa que Urcullu describe ni aceptar la meollada como algo normal, por tanto va una receta que aparece en el libro "Común modo de guisar que observaban en las casas de los regulares de la extinguida Compañía de Jesús, 1795."

¡Buen provecho!



GAZPACHO CALIENTE
O SOPA DE TOMATE
“Se machacan en el almirez unos dientes de ajo, sal, unos trocitos de pimiento verde, pimentón,
tomates hervidos y aceite. Se agrega un trozo de miga de pan y agua hirviendo de la que coció
los tomates; se bate y se machaca en el almirez y, a continuación, más agua y pan en igual
forma, batiéndolo algo menos, y en veces sucesivas agua hirviendo y pan, proporcionalmente, de
modo que quede jugoso pero sin caldo y empapado el pan, casi enteramente desmenuzado del
primer batido”.


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jueves 23 de abril de 2009

Las aventuras de Don Quijote

Oponok + Picasso + Karas http://www.youtube.com/watch?v=Mynq8xFWqRQ
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Cervantes


Así, a secas: “Cervantes”. ¿Qué más hay que agregar para que de inmediato venga a nosotros la imagen de uno de los personajes más queribles y queridos de toda la Literatura?

Porque decir “23 de Abril” es decir “Cervantes”, es decir “Quijote”.

La Fonda Alcohol & Humo es, por definición, quijotesca; pero también por amorosa elección. Compartamos entonces una joya cuyo fulgor alcanza todos los tiempos y espacios.

1- Los libros: Don Quijote de La Mancha
En español, 2 tomos, formato PDF, 530 páginas, 3.2 Mb
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Password: vIrIAt0

2- El filme de Grigori Kozintsev “Don Quixote”, 1957, 102 minutos, XviD, 1.4 GB, contiene los archivos .srt en español
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3- Música. Orphenica Lyra - Música en el Quijote
FLAC+Cue+Log, Scans, 309 Mb
Romances, canciones, piezas instrumentales
ORPHÉNICA LYRA
Duración 72’30
Grabado en Cuenca (Iglesia de San Miguel), noviembre de 2004
01 Luys MILÁN: Pavana VI
02 ANÓNIMO: Al alva venid
03 Juan ARAÑÉS: Chacona
04 Luys MILÁN: Romance de Durandarte
05 Alonso MUDARRA: Gallarda
06 Francisco GUERRERO: Prado verde y florido
07 ANÓNIMO: Qué me queréis, caballero
08 ANÓNIMO: Romance de Don Gayferos
09 Antonio MARTÍN Y COLL: Canarios
10 ANÓNIMO: Madre, la mi madre
11 ANÓNIMO: Ay luna que reluces
12 ANÓNIMO: Jácaras
13 Alonso MUDARRA: Fantasía X, sobre la folía
14 Luys MILÁN: Romance de Valdovinos
15 Antonio MARTÍN Y COLL: Villanos
16 ANÓNIMO: Qué bonito niño chiquito
17 Alonso MUDARRA: Beatus ille
18 Antonio de RIBERA: Romance de Cardenio
19 Diego ORTIZ: Recercada segunda
20 GABRIEL: De la dulce mi enemiga
21 ANÓNIMO: Romance del Marqués de Mantua
22 Diego PISADOR: Flérida, para mí dulce
23 ANÓNIMO: Al villano se la dan
24 Luys de NARVÁEZ: Romance de Conde Claros
25 Diego ORTIZ: Recercada octava
26 Juan ARAÑÉS: Chacona: A la vida bona
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4- OST. El Quijote de Miguel De Cervantes (soundtrack TV)
MP3, estéreo, 42’, 89 Mb, 1983, Lalo Schifrin
01. Main Title (02:03)
02. The Shepherds (01:27)
03. Love Theme (01:39)
04. Preparations/ The Knight's Attack (03:35)
05. A Place Called "La Mancha" (02:26)
06. Arabian Dance (02:32)
07. A Letter For Dulcinea (01:17)
08. Windmills Or Giants? (03:23)
09. Don Quixote and the Books (03:16)
10. Heroics (02:06)
11. Dulcinea, Queen of La Mancha (01:24)
12. The Balm of FieraBras (03:37)
13. On Horseback (01:39)
14. Rocinante's Theme (01:36)
15. As Time Goes By... (01:12)
16. The Knight of the Doleful Countenance (02:09)
17. Bad News/ The Holy Brotherhood/ The Galley Slaves (03:12)
18. Defeat (02:03)
19. My Lord Don Quixote/ End Title (03:11)
http://rapidshare.com/files/111051948/Quijote_1983_Joserael.zip

5- Más música. Don Quijote de la Mancha, Romances y Músicas
Hespèrion XXI - La Capella Reial de Catalunya - Jordi Savall, director
2 CD (76' 31" + 77' 56")
Grabado en la Colegiata del Castillo de Cardona (Cataluña)
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“—Yo sé quién soy – respondió don Quijote --, y sé que puedo ser no sólo los que he dicho, sino todos los doce Pares de Francia, y aún todos los nueve de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por sí hicieron se aventajarán las mías.”

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miércoles 22 de abril de 2009

Laberinto


¿Qué escritor te viene a la memoria cuando te nombramos la palabra "laberinto"?
La Fonda Alcohol & Humo te invita a recordar algunos textos del genial autor con obvias referencias a la construcción de marras.

En primer lugar la carta de presentación de la finca "Los Álamos", luego el link para descargar las obras (unos 35 KB).

“En la Finca Los Álamos está creciendo un impactante laberinto cultural que recorre el mundo de Jorge Luis Borges: es un gigantesco libro abierto con senderos que forman el nombre del escritor y dibujan sus símbolos preferidos: relojes de arena, espejos, un bastón, la cabeza de un tigre, un colosal signo de interrogación y las iniciales de María Kodama.

La historia del laberinto se empezó a escribir en enero del 58, con las firmas de Pamy y Randoll Coate en el primer libro de visitas de Los Álamos. Randoll era un joven diplomático ingles cuando el destino y Susana Bombal lo pusieron frente al genio de Borges en la intimidad de su finca. Pasaron los años y Randoll, que devino en famosísimo diseñador de laberintos, tuvo un sueño compartido con Susana: soñaron con un laberinto especial, único, que hoy está creciendo lentamente frente a las viñas gracias al empuje de Camilo Aldao hijo, el verdadero hacedor del de este laberinto que de sueño pasó a verde realidad con la llegada de María Kodama a Los Álamos en febrero del 2003”.



Laberintos de Borges

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Addenda et corrigenda


Los valores dados por la Fonda que establecen cuánto dinero recibe cada partido político por voto se referían a las elecciones municipales. Para las elecciones pasadas a la presidencia (2004) se abonaron 380 pesos uruguayos por voto (unos 15 dólares). Calculadora…

Partido colorado 226.746 votos: 3.401.190 dólares
Encuentro progresista 1.113.615: 16.704.225
Partido nacional 748.130: 11.221.951
Partido independiente 40.401: 606.015
Otros 15.178: 227.670




Total aproximado: 32.161.051 dólares

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martes 21 de abril de 2009

Elecciones 2009

Uno de los candidato$ de la Fonda Alcohol & Humo
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miércoles 15 de abril de 2009

Derecha, izquierda, derecha, izquierda...


A las 24 horas de hoy (miércoles 15 de Abril) finaliza el plazo para que obtengan su credencial cívica los ciudadanos que cumplen 18 años al 9 de Mayo de 2010. La mano viene tan jugada que las oficinas inscriptoras trabajarán hasta esa hora.

Esperando largas filas, algún miembro del organismo ironizó que el trámite podía haberse hecho desde julio de 2005 y que las oficinas estuvieron abiertas durante Semana Santa y Carnaval.

En Uruguay es obligatorio sacarse la credencial cívica; en Uruguay es obligatorio votar en las elecciones nacionales y municipales.

La ley 13.882 (de setiembre de 1970 ¡!!) es la mar de democrática: avalada por Pacheco Areco, Julio Sanguinetti y Juan María Bordaberry, establece todas las sanciones imaginables para quienes no voten.

“Artículo 13.- Los ciudadanos que hayan cumplido 18 años de edad antes del último acto electoral y no exhiban sus credenciales con algunos de los sellos previstos en artículos 6º, 7º y 10, o las constancias sustitutivas expedidas por las Juntas Electorales, no podrán:

A- Otorgar escrituras públicas, salvo testamentos y las provenientes de ventas Judiciales. En este último caso la excepción no rige para el comprador.

B- Cobrar dietas, sueldos, jubilaciones y pensiones de cualquier naturaleza, excepto la alimenticia.

C- Percibir sumas de dinero que por cualquier concepto les adeude el Estado (Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, Municipios, Entes autónomos y Servicios descentralizados).

D- Ingresar a la Administración pública. Esta prohibición no será subsanada con el pago de la multa prevista en el artículo 10 de la presente ley.

E- Inscribirse ni rendir examen ante cualesquiera de las Facultades de la Universidad, ni Institutos normales, ni Institutos de profesores.

F- Obtener pasaje para el exterior de ninguna empresa o compañía de transporte de pasajeros.

Artículo 14.- Las multas establecidas en el artículo 10 se duplicarán cuando los ciudadanos omisos tengan la calidad de profesionales con títulos expedidos por la Universidad de la República, o funcionarios Públicos”.

Digamos (de paso) que en Uruguay cada votito se cotiza a dólar (en la Fonda ya estamos preparando el Banquete que nos vamos a dar con la fortuna que nos van a pagar).

Pese a todas las amenazas legales en referencia a las obligatoriedades, decenas de miles de personas acudieron en los últimos días a las oficinas inscriptoras. Abundaron (obvio es decirlo) quienes rápidamente salieron a los medios a decir que “los uruguayos dejamos todo para último momento”. Quizás una explicación pueda ser que realizan el trámite a último momento porque no le interesa y tienen que hacerlo obligados por ley (no puedo dar exámenes, no puedo realizar ninguna escritura pública, no cobro el sueldo ni la jubilación ni la pensión, no puedo realizar innumerables trámites de carácter público, no puedo inscribirme para estudiar, no puedo irme de este país). A ver, a ver…

Entre los días 6 y 9 de junio de 2008 la empresa Interconsult realizó una encuestita. “Pregunta: Si tuviera que calificar a las siguientes instituciones, de acuerdo al grado de confianza que le generan, en una escala del 1 al 10 donde 1 es desconfianza total, 10 confianza total, ¿qué diría de....? (se presentan tarjetas)”

¿Quieren saber?



Un 44 % de las personas entrevistadas por Interconsult dice confiar en el parlamento (escala del 7 al 10), mientras que una cuarta parte afirma no confiar en él (escala del 1 al 4) y casi un 30 % ni confía, ni desconfía.

El 51 % de los encuestados dice que confía en la justicia uruguaya, pero un 19 % dice abiertamente que no.

22 % confía en los empresarios y un 42 % desconfía de ellos.

El 30 % dice confiar en los sindicatos, mientras que otro 40 % afirma no confiar.

5 % confía en la burocracia estatal y 70 % no confía.

En otra encuesta, donde se medía la intención de abandonar el Uruguay para instalarse en otro país, la proyección establecía que unos 300 mil uruguayos más estarían dispuestos a hacerlo.

Poner estos datos sobre la mesa puede generar otro tipo de explicación para ese ir a último momento por la credencial cívica.


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martes 14 de abril de 2009

Béla Tarr

Tal como lo habíamos expresado, la fondera Lucía identificó la secuencia del filme de Béla Tarr "Satantango" (abajo los links y el pw)

Sin embargo, como la malicia no tiene límites, ahora nos vamos al género documental y les dejamos un fragmento editado. Ahá! ¿y esta peli?





Links para "Satantango", Béla Tarr, 1994

Part 1:

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Part 2:

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Part 3:

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jueves 9 de abril de 2009

Todos, menos Lucía


Develado el título del vídeo de cabecera. Escribe Fausto: "Juguemos... El vídeo de cabecera de la Fonda Alcohol & Humo pertenece a la película Stalker (tambien conocida como La zona), de A. Tarkovski, de 1979. ¡¡Qué escena!! ¡¡Qué escena, Vidas!! Aprovecho pa' manifestar mis felicitaciones a La fabrica de sueños. En la escena los personajes acaban de burlar con mucho riesgo la guardia militar que vigila el acceso a La zona.¡Qué actuaciones! El modo en que cada uno observa, pinta al personaje. Stalker, como guía del grupo, tiene algo de felino sagaz en su mirada, contemplando ese entorno que ya conoce con una nueva cuota justa de desconfianza o alerta... El profesor de física, más sosegado, denota mayor limpieza en su mirada que por primera vez observa aquel paisaje abandonado y ferrugiento. Y el escritor, que venía de trasnochar, ¡se duerme!, ¡se echa una siestita de sentado noma', y recién después, observa, inquieto. ¡Y el crujir de los rieles siempre ahí...! ¡Que maravilla!

P.S. (¡Clin Iswood!: seguí remando que te queda poco y no hemos visto aún nada parecido a esta escena en las horas y horas que tenés de filmación.)

Salú
Salú
y Salú"

Pues bien, ahora se viene el segundo vídeo, al cual todos están invitados a participar (menos Lucía, que ya lo identificó). Vamos, vamos, se reciben sus correos a interzonazfm@gmail.com , quehacesvida@gmail.com y raulinterzona@gmail.com




CONTINUACIÓN

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lunes 6 de abril de 2009

acerca de 'El banco fijo y la mesa colectiva'


Es mentira que alguna autoridad actual o pasada, desde 1960 a la fecha, admire o haya admirado materialmente las lecciones, o la vida y la obra docente del señor Julio Castro.

Si la afirmación anterior es equivocada o falsa, ¿por qué entonces a casi 70 años de la publicación de su obra ‘El banco fijo y la mesa colectiva’, aún hoy hay centenares de escuelas primarias en todo el país que no tienen o no encuentran otra salida más que utilizar diariamente, como mobiliario del salón, a los caducos bancos dobles varelianos?




Bancos dobles varelianos que en sus mocedades supieron derrochar firmeza, pero que tras vivir décadas y décadas de uso ininterrumpido fueron dejando en el tiempo, en el recuerdo del tiempo toda firmeza para ir cogiendo gradualmente una flojera aquí, otra flojera allá, que a la postre desembocaron en un total desprendimiento del piso del aula.

Esta simple descripción de un proceso, puede conducir a cualquier persona medianamente interesada en la materia y la obra humana, a hipotetizar acerca de que las generaciones de republicanos uruguayos que aprendieron a escribir y escribieron en los mencionados bancos dobles a mediados del siglo pasado, tuvieron mejores condiciones mobiliarias para aprender a hacerlo que muchos de sus compatriotas de la década del 2000.

Un viejo banco doble vareliano es de por sí incómodo; pero un banco doble vareliano e incómodo de por sí, flojo, destornillado del piso, y gozando aún de titularidad como mobiliario de cabecera para que niñas y niños aprendan a escribir, es, ¡madre mía!, expresado en términos apostólicos y turísticos: el infierno en base doble.

El compañero de adelante, con fundados motivos o sin ellos, se ha movido en su banco, y su compañero de atrás, a la vez que se distrae o se molesta porque una goma, un lápiz o un marcador ha rodado al piso, está en condiciones objetivas y subjetivas para comprender lo esencial del cometido social de la escala sísmica de Richter.

En esencia, Julio Castro contrapuso en su mencionada obra, las ventajas de la mesa colectiva sobre el banco fijo. La tabla de la mesa se halla en posición netamente horizontal mientras que la tabla del banco fijo posee una ligera inclinación que facilita la caída de los útiles. La superficie plana de la mesa permite desplegar sobre ella, una mayor cantidad de útiles que pueden ser compartidos con los restantes tres o cuatro compañeros integrantes de mesa. Las actividades de geometría, dibujo, pintura o modelado quizás sean las más privilegiadas en este sentido, pues habilitan el intercambio de instrumentos pinturas, colores, pinceles, y recipientes con agua en donde limpiarlos, sin necesidad de que ninguno de los miembros de la mesa tenga que desatender su tarea abandonando su lugar para solicitar tal o cual utensilio a compañeros de otro banco.

La observación y el análisis de mapas también se ve enriquecida ante la presencia de mesas en el salón. Ha sido y es muy cuestionado el uso de mapas en posición perpendicular al suelo, colgados de paredes o del pizarrón, puesto que inducen a una perspectiva no adecuada de la cartografía. Ahora bien, ¿cómo eliminar esta falacia si sólo se cuenta en clase con bancos dobles varelianos? La solución que algunos proponen es echar el mapa al suelo, orientarlo según los puntos cardinales, rodearlo de alumnos/as, y realizar la tarea planeada... ¡Por favor! ¡Estamos en el Siglo 21 (cristiano), autoridades! La mesa colectiva acabaría de buenas a primeras y sin mayores sobresaltos con la inadecuada ubicación de los mapas a la hora de trabajar con ellos.

Los bancos dobles varelianos pueden convertir a los niños y niñas en perfectos conocedores de las nucas y las espaldas de sus compañeros, mientras que la mesa colectiva (si es de superficie circular, mejor) propende a que compañeros y compañeras se vean a los ojos, condición indispensable para que puedan intercambiar opiniones con mayor facilidad y naturalidad a la hora de realizar tareas curriculares, o al momento de conversar libremente sobre cuestiones de su interés e incumbencia.

No menos importante que la mesa colectiva, son las sillas individuales que la acompañan. El banco fijo, aunque no esté más fijo al suelo, continúa conservado inmutable la distancia que media entre el pupitre y la mesa de trabajo, de modo que quienes ocupen los bancos deben adaptarse sí o sí a esa distancia preestablecida. La silla individual, por su parte, no hace más que incrementar las ventajas ya instauradas por la mesa colectiva. Cualquiera puede abandonar su lugar sin que ello provoque ningún tras-torno en los demás integrantes de la mesa. La silla permite que cada alumno adapte a la mesa la distancia que necesita para las distintas actividades. La silla da lugar a que todo el cuerpo se encuentre más cómodo para trabajar: plantas de los pies bien apoyadas en el piso, columna vertebral recostada a un respaldo, abdomen y brazos bien próximos a la mesa de trabajo.

La figura de Julio Castro es nombrada y citada continuamente por las presentes autoridades educativas. Su rostro y su nombre figuran en la tapa del nuevo (2008) programa escolar de la ANEP; las autoridades del MEC han reeditado su libro ‘El banco fijo y la mesa colectiva’ (con un horrendo diseño gráfico en tapa y contratapa); y así, otra clase de homenajes protocolares, intelectuales o discursivos por parte de las autoridades, que no hacen más que alardear acerca de un modelo educativo deseado (considerando simplemente el mobiliario utilizado) desestimando u olvidando que las ideas son sólo ideas latentes o muertas, si no consiguen plasmar en la realidad su contracara práctica.

En los ambientes, reuniones y corrillos educativos actuales prima la idea o la concepción de que los docentes se hayan ubicados en un llamado Paradigma Crítico. ¡Oh, sí, sí…! ¡Tiembla el Status Quo de la patria ante la presente criticidad del estamento do-cente nacional!

De mantenerse incambiada la presencia de bancos dobles varelianos en tantísimas escuelas públicas, los organizadores del plan Ceibal se verán obligados en el próximo lustro a modificar el hardware de las notebooks ya entregadas, o a diseñar un nuevo modelo de notebooks para las futuras entregas, que contenga en su base o cara de apoyo, una suerte de garras o agarraderas, que le permitan al valioso aparatito no sucumbir en el piso del salón, debido a los continuos sismos protagonizados por los destornillados bancos dobles varelianos…


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domingo 5 de abril de 2009

Cuenta regresiva número 2

Adelanto del segmento 02: ¿a qué filme pertenece? Pista: el personaje "Irimías" fue quien compuso la música.
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Cuenta regresiva


Restan 5 días para enviar respuesta.
¿A qué filme pertenece el vídeo de cabecera de la Fonda Alcohol & Humo?
Enviar las respuestas a



raulinterzona@gmail.com o a
interzonazfm@gmail.com o a
quehacesvida@gmail.com

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jueves 2 de abril de 2009

El click de Jan Garbarek


"Antes de escuchar la grabación de Coltrane 'Countdown' un día en la radio en 1961, Garbarek no había manifestado particular interés en la música. Creció en los alrededores de Oslo, nacido en un campo de refugiados de la Segunda Guerra Mundial, hijo de un polaco expulsado por los nazis y madre noruega. Por cierto que había escuchado las marchas de las bandas que interpretaban música tradicional noruega los días de independencia cada mayo, así como música folk, pop y clásica en la radio, pero aún no había encontrado el apasionado sonido de Coltrane, que haría que Garbarek descubriera su fuerza interior para convertirse en músico.

Incluso antes de que sus padres le compraran un saxo tenor, Garbarek había adquirido la habilidad y la destreza técnicas. "Cuando tuve el saxo, estaba realmente preparado para él. Estaba muy, muy ansioso", recordó."

Alyn Shipton (Jazz Makers, 2002)



"Countdown" (John Coltrane)
http://www.megaupload.com/?d=9MFRD3X1

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Un libro, alguna información, muchas fotos


Para las y los amantes del Jazz, la Fonda les obsequia un link desde donde podrán descargar el libro "Jazz Makers. Vanguards of sounds" (Alyn Shipton, Oxford University press, 2002).

Encontrarán a Scott Joplin, Jelly Roll Morton, King Oliver, Louis Armstrong, Sidney Bechet, Bix Beiderbecke, Bessie Smith, Fletcher Henderson, Duke Ellington, Cab Calloway, Benny Goodman, Artie Shaw, Jimmy and Tommy Dorsey, Count Basie, Cab Calloway, Benny Goodman, Artie Shaw, Jimmy and Tommy Dorsey, Count Basie, Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Lester Young, Coleman Hawkins, Albert Ammons, Fats Waller, Earl "Fatha" Hines, Mary Lou Williams, Teddy Wilson, Art Tatum, Oscar Peterson, The Modern Jazz Revolution, Dizzy Gillespie, Charlie Parker, Miles Davis...




...Bud Powell, Thelonious Monk, Art Blakey, Charles Mingus, Sarah Vaughan, John Coltrane, Sonny Rollins, Gerry Mulligan, Stan Getz, Ornette Coleman, Bill Evans, Herbie Hancock, Chick Corea, John McLaughlin, Anthony Braxton, David Murray, Michael Brecker, Jan Garbarek, Wynton Marsalis, Geri Allen, Joshua Redman...

Salú!!!
http://www.megaupload.com/?d=VT1UQY8N


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