viernes 10 de julio de 2009

debajo de la careta


Transforming Artificial Nocturnal Infiltration Android


Get Your Cyborg Name





continuará

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jueves 9 de julio de 2009

snif


y bueno... nos comimos 3, erramos un penal, nos expulsaron uno: marchamos bien. Decir otra cosa es mentir. Ahora la historia sigue y veremos...



así y todo, AGUANTE DEFENSOR !!!!!!!!!!!!!

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miércoles 8 de julio de 2009

del casero




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sábado 4 de julio de 2009

Mastroianni - Troisi


Genial filme de Ettore Scola con dos magníficos actores.

Título: Che ora é?
Año: 1989
Dirección: E. Scola
Reparto: Marcello Mastroianni, Massimo Troisi, Lou Castel, Renato Moretti, Anne Parillaud
Idioma: italiano
Subtítulos: inglés y español .srt
Duración: 93 min
Tamaño: 700 MB
Imdb le otorga 7,1 puntos sobre 10. Corto.

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martes 23 de junio de 2009

Eligiendo patrón








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sábado 20 de junio de 2009

La muerte y la brújula por 3


En primer lugar un fragmento del cuento de Jorge Luis Borges; luego los links al filme de Lars von Trier (1984); por último, los vínculos al filme de Alex Cox (1992). Salú!

FRAGMENTO

La muerte y la brújula / Jorge Luis Borges

A Mandie Molina Vedia

De los muchos problemas que ejercitaron la temeraria perspicacia de Lönnrot, ninguno tan extraño - tan rigurosamente extraño, diremos - como la periódica serie de hechos de sangre que culminaron en la quinta de Triste-le-Roy, entre el interminable olor de los eucaliptos. Es verdad que Erik Lönnrot no logró impedir el último crimen, pero es indiscutible que lo previó. Tampoco adivinó la identidad del infausto asesino de Yarmolinsky, pero sí la secreta morfología de la malvada serie y la participación de Red Scharlach, cuyo segundo apodo es Scharlach el Dandy. Ese criminal (como tantos) había jurado por su honor la muerte de Lönnrot, pero éste nunca se dejó intimidar. Lönnrot se creía un puro razonador, un Auguste Dupin, pero algo de aventurero había en él y hasta de tahúr.

El primer crimen ocurrió en el Hôtel du Nord, ese alto prisma que domina el estuario cuyas aguas tienen el color del desierto. A esa torre (que muy notoriamente reúne la aborrecida blancura de un sanatorio, la numerada divisibilidad de una cárcel y la apariencia general de una casa mala) arribó el día tres de diciembre el delegado de Podólsk al Tercer Congreso Talmúdico, doctor Marcelo Yarmolinsky, hombre de barba gris y ojos grises. Nunca sabremos si el Hôtel du Nord le agradó: lo aceptó con la antigua resignación que le había permitido tolerar tres años de guerra en los Cárpatos y tres mil años de opresión y de pogroms. Le dieron un dormitorio en el piso R, frente a la suite que no sin esplendor ocupaba el Tetrarca de Galilea.

Yarmolinsky cenó, postergó para el día siguiente el examen de la desconocida ciudad, ordenó en un placard sus muchos libros y sus muy pocas prendas, y antes de medianoche apagó la luz. (Así lo declaró el chauffeur del Tetrarca, que dormía en la pieza contigua.) El cuatro, a las 11 y 3 minutos A.M., lo llamó por teléfono un redactor de la Yidische Zaitung; el doctor Yarmolinsky no respondió; lo hallaron en su pieza, ya levemente oscura la cara, casi desnudo bajo una gran capa anacrónica. Yacía no lejos de la puerta que daba al corredor; una puñalada profunda le había partido el pecho. Un par de horas después, en el mismo cuarto, entre periodistas, fotógrafos y gendarmes, el comisario Treviranus y Lönnrot debatían con serenidad el problema...

LINK AL CUENTO COMPLETO
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LINKS AL FILME DE LARS VON TRIER

Forbrydelsens element (El elemento del crimen)
Dirección: Lars von Trier
1984
IMDB 6.7/10

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Password: www.rapidteam.net
Subtítulos http://www.subdivx.com/X6XNDIyNDE8X-forbrydelsens-element-1984.html

LINKS AL FILME DE ALEX COX

Death and the Compass (La muerte y la brújula)
Director: Alex Cox
1992
IMDB 6.1/10

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http://rapidshare.com/files/136839090/Death_and_the_Compass.part5.rar
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Subtítulos http://www.subdivx.com/index.php?buscar=death+and+the+compass&accion=5&subtitulos=1&realiza_b=1

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domingo 7 de junio de 2009

William Faulkner


Mississippi: 25 de septiembre de 1897 - 6 de julio de 1962.

De su libro titulado ¡Desciende Moisés!, publicado en 1942, extraje dos párrafos iniciales de la novela corta: El oso, para compartir con los fonderos y fonderas una muestra de la cadencia narrativa de este escritor. Ana María de Foronda, traductora de la presente obra, comenta en el prólogo: “…estos relatos de Faulkner, como casi toda su obra, están envueltos en música y todo traductor de Faulkner debe ser, a mi juicio, como un músico que copia música ajena, sin que le falte un acorde, sólo pasando las notas de un papel a otro papel.”


El oso

Él tenía dieciséis años. Ya hacía seis que era un cazador. Ya hacía seis que escuchaba la mejor de todas las charlas. La del desierto, la de los grandes bosques, más grande y antigua que ningún documento registrado: ni por los hombres blancos bastante fatuos para creer que habían comprado algún fragmento, ni por los indios bastantes crueles para pretender que les correspondía a ellos trasmitir cualquier fragmento de ella; más grande que el mayor de Spain, y las migajas de que alardeaba, sabiendo lo que hacía; más vieja que el viejo Ikkemotubbe, el jefe Chickassaw, de quien el viejo Sutpen la había recibido y que a su vez sabía más. Era de los hombres, no de los blancos, ni de los negros, ni de los rojos, sino de los hombres, de los cazadores, con la voluntad y la osadía de resistir y la humildad y el arte de sobrevivir, y de los pe-rros y el oso y el ciervo yuxtapuestos y en relieve contra ellos, ordenados y constreñidos por y en la selva en la antigua e implacable ley que anulaba todo remordimiento y no daba cuartel –el mejor juego de todos, el mejor de todos para respirarlo y desde luego el mejor de todos para escucharlo, las voces tranquilas y graves y circunspectas en la retrospección y en los recuerdos y en la exactitud entre los concretos trofeos- las escopetas en el armero y las cabezas y las pie-les en las bibliotecas de las casas de la ciudad o en los despachos de las casas de las plantaciones o (y mejor que nada) en los mismos campamentos donde está colgada la carne intacta y todavía caliente, y los hombres que la han matado sentados delante de los leños que arden en las chimeneas donde hay casas y chimeneas o en torno al resplandor humeante de la leña amontonada delante de las lonas tensas, donde no las hay.(...)




(...)Siempre había presente una botella, por eso le parecía que aquellos hermosos y ardientes instantes del corazón y del cerebro y del valor y de la astucia y de la presteza estuvieran concentrados y destilados en aquel oscuro licor que no las mujeres, no los muchachos ni los niños, sino sólo los cazadores bebían, bebiendo no la sangre vertida por ellos sino alguna condensación del inmortal espíritu selvático, bebiéndolo con moderación, hasta con humildad, no con la baja e infundada esperanza del pagano de adquirir con ello las virtudes de la astucia y la fuerza y la rapidez sino en homenaje a éstas. Así le parecía en aquella mañana de diciembre no sólo natural sino realmente conveniente que ello debía empezar con whisky.

Más tarde se dio cuenta de que la cosa había empezado mucho antes. Había empezado ya aquél día en que él escribió su edad con dos cifras y su primo McCaslin le llevó por primera vez al campamento, a los grandes bosques, para lograr por sí mismo en la selva el nombre y la condición de cazador siempre que él a su vez fuese suficientemente humilde y perseverante. Ya había heredado pues, sin siquiera haberlo visto, el viejo y grande oso con una pata rota en una trampa, que en una superficie de unas cien millas cuadradas se había ganado un nombre, un título determinado igual que un hombre viviente: -la extensa leyenda de los graneros destroza-dos y saqueados, de cochinillos y cerdos grandes y hasta becerros llevados en vilo a los bos-ques y devorados, y trampas y armadijos derribados y perros despedazados y muertos, y tiros de escopeta y hasta de rifle disparados a quemarropa sin más efecto que el que harían unos guisantes a través de un canuto soplado por un niño- una galería de ruina y destrucción que se remontaba al tiempo en que el muchacho aún no había nacido, y a través de la cual avanzaba, no de prisa sino más bien con la cruel e irresistible decisión de una locomotora, la tremenda figura hirsuta. Estuvo en su conocimiento antes aún de que lo hubiese visto. Se aparecía y resaltaba en sus sueños antes de haber visto los bosques vírgenes donde había dejado su ganchu-da huella, peludo, tremendo, con los ojos rojos, no maligno sino grande, demasiado grande para los perros que trataban de acorralarle, para los caballos que intentaban arroyarle, para los hombres y las balas que éstos les disparaban; demasiado grande para la misma región donde se circunscribían sus actividades. Era como si el muchacho hubiera adivinado ya lo que sus sentimientos y su entendimiento no habían comprendido aún: aquella selva condenada a muerte cuyos bordes eran constantes y ferozmente mordisqueados por los arados y las hachas de los hombres que la temían porque era la selva, miles de hombres incluso desconocidos entre sí en la tierra donde el viejo oso se había ganado un nombre, y a través de la cual no corría siquiera como una bestia mortal sino como un anacronismo indomable e invencible surgido de un tiempo antiguo y muerto, un fantasma, compendio y apoteosis de la antigua vida salvaje que los pequeños y mezquinos humanos acuchillaban en caterva con una furia de odio y temor, como pigmeos en torno a las patas de un elefante dormido: -el viejo oso, solitario, indomable, y único; viudo sin hijos y absuelto por la muerte- viejo Príamo privado de la vieja esposa y sobreviviendo a todos sus hijos.(...)


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